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sábado, septiembre 25, 2004

Por qué me parecerá que hablo en otro idioma. En un idioma más genérico. Todo es posible en mi lengua, excepto negar una idea.

Ellos no me comprenden y me miran con estupefacción, sorprendiéndose de mi ignorancia. No son conscientes de que mi lengua es distinta, y que afirmando no niega lo contrario. No se dan cuenta de que la lógica intrínseca que me llena acapara lo suyo pero también lo del contrario.

Así que me toman como loco, cuando tras sostener una opinión durante un largo tiempo, cambio de postura tajantemente, pues para mí toda opinión es paralela: tiene un principio, un camino y un final.

Me pregunto si existirán más como yo, que no piensan, sino intuyen, queno deciden sino eligen.

Pero la verdad es que intento pasar desapercibido, y he de decir que muchas veces lo logro y, aunque me requiere un arduo esfuerzo, me resulta divertido. Por éso, cuando veo alguien sonreír mientras intento imitarles me pregunto si él también será como yo... si tal vez, todos sean como yo.

Para no delatarme mi método es sencillo. Me limito a repetir los pensamientos de otros, a imitar opiniones, a copiar puntos de vista. Además resulta bastante confortable, pues en muchas ocasiones ellos me apoyan, y en el caso de que difieran en parecer, su réplica siempre me lleva a otra inmediata disertación que ya he escuchado, que rápidamente puedo emitir.

Pero entonces, me embarga un profundo temor, porque si fuera así, si todos estuvieran actuando como yo, nunca existirán nuevas ideas, estaremos debatiendo eternamente las mismas cuestiones, llegando a las mismas conclusiones.

Quizá ahí radique todo, en que tenemos miedo de hablar de cosas nuevas, de sorprendernos con nuevos métodos. Somos hombres de costumbre.

Y ahí aparece lo que realmente me da miedo. Tal vez, un día ellos fueron como yo. Y a fuerza de repetir los pensamientos de otros, se los terminaron creyendo, haciéndolos suyos, y por lo tanto dejando de ser individuos.

Será gracioso el día en que deje de darme cuenta de mi dramatización y me vuelva como ellos. Mientras tanto camino sonriendo por estas calles de teatro.

jueves, septiembre 23, 2004

A really efficient totalitarian state would be one in which the all powerful executive of political bosses and their army of managers control population of slaves who do not have to be coerced, because they love their servitude. To make them love it is the task assigned, in present day totalitarian states, to ministers of propaganda, newspaper editors and shoolteachers.

Aldous Huxley. Brave New World.

lunes, septiembre 20, 2004

Sin embargo algo va mal cuando lo que hay que salvar es el sistema y no la forma de vida a la que el sistema debería servir.

B.F. Skinner. Walden II.

miércoles, septiembre 15, 2004

Se encontraron después de tanto tiempo que cuando
ella se acercó a él, en aquella plaza desierta, la
primera mirada fue como la de dos extraños en una
cita a ciegas.

Se saludaron friamente y se besaron con distancia.
Solamente cruzaron un "hola qué tal - muy bien y tú".

Las primeras frases fueron secas, medidas, informativas,
un mero e hipócrita trámite social. Ella habló de sus
planes de futuro, de sus vacaciones, de sus estudios.
Él de su trabajo, de sus amigos, del último fin de semana.

Durante un par de horas tomaron varias cañas y visitaron
algunos bares de ésos que se encuentran en zona de nadie,
que no levantan dolorosas heridas y que no hacen recordar
demasiado.

Entre conversaciones vacuas, secas, aburridas, intercambiaron
miedosas miradas y tímidos contactos.

Después pasearon un poco y hablaron de algunos viejos amigos
que hacía tiempo no veían. Él preguntó sobre los amigos de ella,
aquéllos que también lo fueron suyos por mucho tiempo. Ella
le devolvió la pregunta. Las respuestas fueron idénticas: todos
están bien, igual que siempre. Bueno, Jose se ha casado, Maribel
ahora vive en Madrid...

Cuando la metálica lógica lo dictó, acordaron despedirse,
los dos tenían cosas que hacer.

Sólo en el último paso antes de irse, un soplo de olvidada
emoción los hizo abrazarse, como un globo que se deshincha, por
unos sentimientos en ruinas.

Tras darse la espalda, caminando ya en direcciones opuestas,
los dos derramaron una pequeña lágrima en su interior: aquella
persona que una vez fue amada yacía ya sepultada bajo metros
de recores, de dolor, de tiempo. Aquél ya no era él;
aquélla tampoco era ya ella.

Sin prisas y ajenos al mundo, con la mirada perdida en unos recuerdos
en blanco y negro, solos, marcharon hacia sus casas.

miércoles, septiembre 08, 2004

Era un pequeño y sencillo bar de barrio. De éstos que no han sido
reformados durante décadas, pero que conservan de algún modo, una
apariencia digna y cómoda.

Los propietarios y regentes preparaban platos caseros que servían
de sustento para los múltiples obreros que vivían en la zona, y que
tras la jornada de trabajo por algún motivo preferían cenar allí, en
vez de marchar a sus casas.

Mientras el café con leche enfrente me retaba, algunas personas
engullían la copiosa cena observando con atención el telediario nocturno.
Entre mirada y mirada a los filetes de lomo, levantaban la cabeza impertérritos
hacia la televisión. Cortaban un trozo de filete y lo tragaban, masticando
enérgicamente. Después unas patatas: las empapaban bien en la salsa y las
introducían en sus hambrientas bocas. Con sus bocas rebosantes miraban a los
niños hambrientos de África, a jóvenes palestinos derribados por la espalda
por balas israelíes, a rusos levantando los cadáveres de niños sepultados tras
las ruinas de un colegio explosionado por terroristas chechenos.

Y las miradas de los comensales no expresaban emoción alguna, parecían vacíos,
ajenos, distantes, como viendo una película americana de ficción.

El espectáculo fue atroz. Nunca lo olvidaré. Dejé un par de euros sobre la barra, sería
suficiente, y abandoné el bar. En la barra, el café con leche esperaría con suerte al
próximo cliente.

sábado, septiembre 04, 2004

De pequeño fue sencillo, un mundo bicolor en el que se presentaba sencilla la elección. Aquellos que vestían la venganza, el odio, la lucha, la muerte, lo oscuro eran los malos; los demás, buscaban el orden, el amor, la amistad, la paz: eran los buenos.

No más que un espejismo de realidad, una visión a través de unos cristales tintados, trucados por una cultura, por una educación, por un velo mentiroso. Pero sano, fácil, cómodo, alentador, llano.

El porqué me quitaron aquellos cristales, el cuándo mis ojos comenzaron a ver, el dónde despertó este dolor, no lo sé. Ni siquiera fui consciente en aquel momento, debió de comenzar como cuando nace un río, con un pequeño manantial, que, sin embargo, va creciendo al realizar su viaje. Un viaje tortuoso, con cerrados meandros, con corrientesde polución. La pregunta es dónde desembocará este río.

Ahora los buenos matan, los malos lloran, los dioses ríen, los dulces amargan, los colores se confunden. Mi etnocentrismo se deja devorar por hambrientos lejanos, por conocimientos nuevos que ocasionalmente desearía repudiar. Para qué, si no es más que una mota de polvo en un vidrio eterno e impoluto.

El blanco amarillea, el negro ha dejado de serlo, el cielo es rojo, las palabras saben a humo. Y yo me debato entre dejarme ahogar o comenzar a respirar bajo el agua. Porque todo lo imposible ahora es fácil. Y lo fácil es imposible.

¿O quizá realmente todo habrá cambiado? No, creo que no. Pero ahora, en este mundo globalizado, con herramientas en nuestras manos que nos permiten conocer mucho más allá, nos damos cuenta que no conocemos nada, y que nunca podremos conocerlo. Mientras tanto la responsabilidad va ciñiéndose y rondeándome, la responsabilidad de emitir una opinión. Y no puedo.

Admiro a aquellos que lanzan sus palabras al aire, tan seguros de sí mismos, tan visionarios de la verdad. Pero yo, en este lugar donde mil culturas empiezan a tejerse entrelazadas, no puedo. Ni siquiera a veces soy capaz de articular palabra, de afirmar o de negar...

Y callo. Callo porque mientras yo estoy convencido, de alguna misteriosa manera, de nuevos valores y sentidos, no puedo convencer. La fuerza de mis convicciones aún no es suficiente. De modo que callo, permanezco en silencio, esperando que el arroyo crezca un poco más, un poco más. Que pueda empezar a arrastrar con fuerza a otros.

Pero dudo de que ésto suceda alguna vez. La corriente total, el llamado pensamiento único, es demasiado fuerte, demasiado tenaz. Extiende su poder con sus infinitos dedos sobre todos, incluso sobre mí. La objetividad, hoy más que nunca, es utopía. Mientras tanto, callaré. Tal vez el silencio, tan en deshuso ahora, sea la mejor arma, como un grito ensordecedor que truena diciendo "yo no puedo... ¿tú puedes? - piénsalo".

Un imperio crece imperdonable, mientras un millón de culturas luchan contra él, cada día. Que la lucha sea el silencio, o el grito, dista mínimamente, y lucha es. Que comience, dentro de todos, este dolor a culpa, que golpea en mi estómago, porque sólo para apaciguar tan insoportable malestar comenzará un hombre a intentar cambiar este maltrecho y desigual mundo, cambiándose, al principio, a sí mismo.

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