<$BlogRSDURL$>

domingo, octubre 24, 2004

Sobre la ingeniería de la conducta y el refuerzo positivo.

En estos tiempos se dice que ya no se ejerce el despotismo, que ya prácticamente
no existe la dictadura en los países llamados del primer mundo. Todos somos libres
para elegir nuestra vida, nuestras costumbres, nuestras aficiones, nuestro modo de vida.
¿Es verdad? Porque en realidad veo cómo la mayoría de la gente tiende a cumplir patrones
de comportamiento estándares, tiende a interesarse por las mismas ideas, tienen los
mismos deseos. Es cierto: podemos elegir el coche que nos compramos, y la casa donde queremos vivir, dentro de nuestras posibilidades obviamente. Incluso podemos decidir si este sábado queremos ir al cine o preferimos salir al campo a hacer una barbacoa... pero acaso son
"nuestras decisiones", o son las decisiones que quieren que decidamos.

Nos dicen que vivimos en la era de la información: Internet, TV, cientos de periódicos...
con los que podemos formarnos una idea real de lo que acontece ahí afuera. ¿Es cierto? Porque
veo cómo siempre hablamos sobre los temas que nos informan, ignorando aquéllos sobre los que
los medios no tienen interés. Un interés que me resultaría difícil de calificar como objetivo.
Un verano lo sabemos todo sobre los perros peligrosos, aquellos que convierten nuestras calles
en un peligro inminente para nuestros niños. El siguiente ya no existen perros peligrosos, solamente maridos que maltratan a sus mujeres. Un mes mueren todos los días decenas de palestinos en las calles de Israel. El siguiente, es el cambio climático el que acabará con la especie humana y nuestro mundo en los próximos años.

Y no se trata de política, no al menos desde el punto de vista en el que ahora se entiende
la política. Nos han involucrado en una política de ficción, en una democracia a medias. Esta
democracia de la elite que gobierna al pueblo. Una democracia en la que el pueblo no elige
directamente lo que quiere, sino a la gente que cree que elegirá lo que en el futuro será mejor
para ellos. Ni siquiera éso, pues el abanico de posibilidades de elección se reduce a dos
o tres partidos políticos, que forman su programa de acciones de manera prácticamente idéntica,
que no propone nuevas ideas; ideas ya no para el pueblo: ideas del pueblo.

Entonces... ¿por qué tenemos esta falsa sensación de libertad?, ¿de que podemos elegir nuestro
futuro, de que estamos informados y por lo tanto somos capaces de formar libremente nuestras
propias ideas?

Hace ya más de cincuenta años sociólogos y filósofos comenzaron a conocer las posibilidades de la
ingeniería de la conducta y una de sus más letales armas: el refuerzo positivo. He de reconocer que hace sólo unas semanas no conocía este último término. La revelación, aunque evidente, no había aparecido en mi pensamiento de forma tan práctica.

El meollo de la cuestión radica en cómo lograr manipular a la gente sin fuerza, sin opresión, sin
uso alguno de la amenaza. La experiencia (científica) muestra que cuando a una persona se le imponen ciertas ideas o patrones de comportamiento mediante la fuerza, esto es, castigándolo cuando no los cumple, esta persona tiende a cumplir estos patrones solamente cuando siente una amenaza certera sobre él. Éste es el método que se ha utilizado durante siglos por los gobiernos dictatoriales y déspotas.

Sin embargo, también ha sido probado que resulta muchos más fácil obtener una determinada actitud deseada de una persona, o una sociedad, estimulándola mediante refuerzos positivos. Es decir, no se utilizará el castigo en el caso de que no se comporte como se desea sino que se le premiará en el caso contrario. De este modo, la sociedad objetivo no sólo se comportará más y más acorde al patrón objetivo sino que además desarrollará una dependencia "positiva" con sus gobernadores, que siempre le van entregando aquéllo que desea.

La técnica es realmente despiadada, pero funciona. Es una realidad consumada. Ahora bien, ¿sabemos hasta qué punto esta técnica esta siendo puesta en práctica en la actualidad? La respuesta es, evidentemente, no.

En principio es obvio que la utilizan los manipuladores de nuestro siglo: políticos, sociólogos,
publicitarios, demagogos, profesores, vendedores, hombres de negocios y medios de comunicación. Pero la gran cuestión aparece cuando nos planteamos si podríamos conocer el alcance de la implantación de esta técnica a nivel global. No resulta difícil imaginarnos cómo se pueden utilizar estos principios en la educación: simplemente no se utiliza el castigo con los alumnos menos trabajadores, sino que se aplica el premio a los más aplicados. Tampoco resulta complicado imaginarnos las técnicas de venta que pueden derivar de estas teorías: contarle al cliente lo que desea y la ayuda que le puede dar el vendedor para conseguirlo, y
en un paso más allá, el vendedor convencerá el cliente que lo que quiere es exáctamente lo que el vendedor desea.

Pero lo que me interesa es la aplicación global: ¿hasta qué punto nuestra sociedad se ve manipulada, zarandeada mediante estas astutas artimañas? Sí, el profesor lo utiliza para enseñar a sus alumnos. Ese mismo profesor recibirá también clases, en ocasiones de otros profesores. Es más, estará sujeto a la visión de publicidad, a la demagogia de los políticos, a las artimañas de los vendedores. Estos vendedores también leerán los periódicos, atenderán a clases de venta, tendrán hijos...

La conclusión es atroz: no podremos nunca ser conocedores de la influencia del refuerzo positivo en nuestra sociedad. Pensaremos lo que nos diga (la sociedad) que pensemos, actuaremos como nos diga que actuemos. ¿Por qué? simplemente porque será mejor para nosotros, porque recibiremos ese delicioso regalo que nos espera cuando actuamos acorde a los patrones de comportamiento deseados.

Resulta aterrador, lo reconozco. ¿Deseo una casa enorme en un pueblo con mi jardín y mi perro? La verdad es que no. Pero no podré vivir de otra manera. Todo me irá empujando hacia ello: la imagen de una vida exitosa, la necesidad de mostrar una estabilidad, la posisibilidad de invitar a mi jefe con su esposa a una barbacoa, etc, etc. Todo. Así que para recibir ese refuerzo positivo deberé comprarme algún día una casa en un pueblo con una jardín y un perro enorme. Y deberé olvidar aquél viaje soñado de dos meses a la India. Porque si lo hiciera la sociedad me castigaría: sí, me castigaría. Por supuesto soy libre para irme dos meses a la India y el castigo
no sería físico, ni siquiera material, sería un castigo inteligentemente oculto. Simplemente no recibiría mi regalo por no haberme comportado "como la sociedad manda".

Concluyamos, por favor: es domingo por la mañana y he quedado con los amigos para jugar al fútbol (sonrisa satírica)... así que debo ir terminando este ensayo. Entonces... ¿ya no existe el despotismo, la dictadura? O deberíamos empezar a ser conscientes de que siguen existiendo. Si queréis, lo podemos definir como "despotismo positivo". Estamos manipulados, bailamos
al son de un ritmo que ni siquiera escuchamos. Inconscientemente vamos eligiendo un camino, que realmente es el único que podemos elegir. Ya no estamos amenazados bajo el yugo de la opresión física, de la amenaza de muerte. Las cadenas son de seda: ni siquiera las sentimos. Los gobiernos y el modelo de sociedad occidental nos ata a un patrón de vida, que en ningún caso podremos desobedecer o moriremos. En efecto, moriremos.

Y ahora que conozco los entresijos de esta ingeniería de la conducta, y comienzo a ver sus posibilidades, me pregunto porque no se utiliza a nivel internacional y para evitar estas guerras demostradas en tantas ocasiones inútiles. Se podrían controlar países enteros basados en regímenes contrarios a nuestros ideales o conseguir su más completa colaboración
simplemente convirtiendo a sus pueblos en auténticos esclavos de nuestras ayudas... ¿o quizá sí que se hace? En todo caso ésta es otra cuestión.


Bueno, me voy a jugar al fútbol con mis amigos y compañeros de trabajo... me apetecía también pasear solo por la playa, y meditar estos pensamientos, pero si lo hiciera... no consiguiría mi regalo: sobrevivir.



viernes, octubre 15, 2004

El lenguaje - Eduardo Galeano

En la época victoriana, no se podían mencionar los pantalones en presencia
de una señorita.

Hoy, por hoy, no queda bien decir ciertas cosas en presencia de la opinión
pública: El capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado, el
imperialismo se llama globalización.

Las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, es
como llamar niños, a los enanos.

El oportunismo se llama pragmatismo, la traición se llama realismo.

Los pobres se llaman carentes, o carenciados, o personas de escasos
recursos.

La expulsión de los niños pobres del sistema educativo se conoce bajo el
nombre de deserción escolar.

El derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación
se llama flexibilización del mercado laboral.

El lenguaje oficial reconoce a los derechos de las mujeres, entre los
derechos de las minorías, como si la mitad masculina de la humanidad fuera
la mayoría.

En lugar de dictadura militar, se dice proceso.

Las torturas se llaman apremios ilegales, o también presiones físicas y
psicológicas.

Cuando los ladrones son de buena familia, no son ladrones, sino cleptómanos.

El saqueo de los fondos públicos por los políticos corruptos responde al
nombre de enriquecimiento ilícito.

Se llaman accidentes los crímenes que cometen los automóviles.

Para decir ciegos, se dice no videntes, un negro es un hombre de color.

Donde dice larga y penosa enfermedad, debe leerse cáncer o SIDA. Repentina
dolencia significa infarto, nunca se dice muerte, sino desaparición física.
Tampoco son muertos los seres humanos aniquilados en las operaciones
militares.

Los muertos en batalla son bajas, y los civiles que la ligan sin comerla ni
beberla, son daños colaterales.

En 1995, cuando las explosiones nucleares de Francia en el Pacífico sur, el
embajador francés en Nueva Zelanda declaró: "No me gusta esa palabra bomba,
no son bombas, Son artefactos que explotan".

Se llaman Convivir algunas de las bandas que asesinan gente en Colombia, a
la sombra de la protección militar. Dignidad era el nombre de uno de los
campos de concentración de la dictadura chilena y Libertad la mayor cárcel
de la dictadura uruguaya.

Se llama Paz y Justicia el grupo paramilitar que, en 1997, acribilló por la
espalda a cuarenta y cinco campesinos, casi todos mujeres y niños, mientras
rezaban en una iglesia del pueblo de Acteal, en Chiapas.

El miedo global. Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de
ser atropellados.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.

Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la
falta de armas.

Las armas tienen miedo a la falta de guerras.

Es el tiempo del miedo.

Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer
sin miedo.

Eduardo Galeano.

sábado, octubre 02, 2004

No podía parar de caminar pero no sabía dónde ir.
Durante horas crucé cien veces aquellas sórdidas calles,
repletas de prostitutas y camellos.

El Barrio Rojo se mostraba como un rompecabezas que alguien
incompresiblemente había logrado construir. De forma repetitiva,
las calles, una igual a otra, se sucedían inexorablemente mientras
mi malherido sentido de la orientación luchaba por hallar un camino.

Intenté dirigirme a Leidstraat sin vacilación, siguiendo las indicaciones
que podían encontrarse en las calles. Cuando creí comenzar a encontrar
el camino perdido me crucé con otra señal contradictoria, que me decía
que la dirección seguida no era más que la opuesta a la decidida.

Sentí miedo, confusión... no podía confiar en mis sentidos; mi cerébro
luchaba contra sí mismo en una guerra desde un inicio ganada por la hierba.
Intenté tranquilizarme y aposté por seguir la corriente de los hechos: si no
puedes vencer a tu enemigo únete a él -una vez me dijeron-. Me doblegué
al momento y me entregué a su disfrute. Busqué un lugar con la suficiente tranquilidad
como para abstraerme del pánico, abrí mi bandolera y tomé aquella bolsa de plástico llena
de hierba que había comprado en un coffee-shop (...por cierto...¿dónde estaba?).
Saqué un papel y construí otro momento de ausencia sobre los cimientos de la lisergia.

Mientras el humo llenaba mis pulmones, y sus sustancias asfisiaban la realidad, observé
más allá de las calles, más allá de los canales, más allá de las enredadas casas portuarias.
Por un momento dejé de escuchar el ruido atronador de la gente al pasar, escuchándo solamente como mi cerebro levantaba armónicamente estructuras lógicas infinitas sobre frivolidades usualmente inadvertidas.

Y viajé de aquí allá en el tiempo. Recordé a mi familia, les añoré, les amé desde la lejanía.
Recordé a mis amigos, sonreí, extrañe sus risas en la noche. Recordé mis sueños perdidos,
mis deseos incumplidos, mi otro yo abandonado que nunca ya podría llegar a ser.

Debí entonces cruzar la delgada pared que separa el pensamiento profundo con el sueño. De hecho, no sabría decir en qué punto mis pensamientos empezaron a volar ya sin límites dentro
de esa irrealidad, pero de pronto me encontré en una playa al amanecer con personas semidesconocidas, discutiendo sobre la soledad del sol y la tenacidad del mar... y más tarde corriendo como un niño por los yermos parajes de esa Castilla de mi infancia y juventud... y más tarde en aquella habitación de residencia Universitaria donde las horas pasaban fugaces mientras reíamos y fumábamos...

Pudieron transcurrir unas horas hasta que la sensación de frío me despertó lentamente. Con
la austera sobriedad que se logra tras un sueño de ebriedad calculé de nuevo, ahora satisfactoriamente, mi ubicación espacio-temporal.

Volví al hostal, esta vez sin dudas, sin equivocaciones, respirando libertad. Me sentí afortunado
de saber disfrutar de mí.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?