lunes, noviembre 22, 2004
Esta mañana he vuelto a salir desnudo a la calle. Sin zapatos ni
calcetines. Descalzo, sin ilusiones ni esperanzas. Caminando por charcos
de momentos ahogados, tentando a la pulmonía del abandono.
Hoy he comenzado de nuevo, desde cero, otra vez en una ciudad de extraños,
de calles ajenas y grises, de ruidos en la lejanía, de frívolas voces. Abstraído,
he observado a aquellos que afortunados sienten como suyo un lugar.
Te seguiré buscando ahora por aquí, entre los contenedores de artículos
olvidados, entre espejos de cristales rotos, como los perros vagabundos.
Seguiré vagando por este pequeño mundo, tras un pequeño lugar para mí y,
si quieres, también para tí. Juntos podríamos...
calcetines. Descalzo, sin ilusiones ni esperanzas. Caminando por charcos
de momentos ahogados, tentando a la pulmonía del abandono.
Hoy he comenzado de nuevo, desde cero, otra vez en una ciudad de extraños,
de calles ajenas y grises, de ruidos en la lejanía, de frívolas voces. Abstraído,
he observado a aquellos que afortunados sienten como suyo un lugar.
Te seguiré buscando ahora por aquí, entre los contenedores de artículos
olvidados, entre espejos de cristales rotos, como los perros vagabundos.
Seguiré vagando por este pequeño mundo, tras un pequeño lugar para mí y,
si quieres, también para tí. Juntos podríamos...