miércoles, agosto 18, 2004
La puerta
-No puedo ser un superhombre.
-No debes. Basta con que intentes ser un hombre.
-Éso es imposible.
Se acercó a él, tomó el pomo que había en su estómago y abrió su puerta. Se asomó,tímidamente, y entró en él. Comprobó que DENTRO uno podía moverse en cuatro dimensiones distintas: la del pensamiento, la del sentimiento, la del conocimiento y la física. Se movió en el sentimiento, después en pensamiento, y finalmente en conocimiento. Por ellos se podía pasear tranquilamente. Finalmente intentó explorar la física y sólo encontró dolor, y no llevaba a ninguna parte.
Salió de él y lo miró nuevamente a los ojos.
- Ahora te comprendo - le dijo.
-No puedo ser un superhombre.
-No debes. Basta con que intentes ser un hombre.
-Éso es imposible.
Se acercó a él, tomó el pomo que había en su estómago y abrió su puerta. Se asomó,tímidamente, y entró en él. Comprobó que DENTRO uno podía moverse en cuatro dimensiones distintas: la del pensamiento, la del sentimiento, la del conocimiento y la física. Se movió en el sentimiento, después en pensamiento, y finalmente en conocimiento. Por ellos se podía pasear tranquilamente. Finalmente intentó explorar la física y sólo encontró dolor, y no llevaba a ninguna parte.
Salió de él y lo miró nuevamente a los ojos.
- Ahora te comprendo - le dijo.
martes, agosto 10, 2004
El libro vacío
Qué hermoso libro me has regalado, con bellas portada y contraportada. Con dibujos de cartulina en su interior, con historias inimagibles, con llantos y sonrisas. Con amor.
El mejor libro que jamás he leído. Lo había buscado en estanterías de bibliotecas de leyenda, lo perseguí en las librerías de las calles enmohecidas del Carmen. Lo anhelé en las eternas y húmedas noches del verano.
Ahora lo tengo. Mi primer libro. Ese libro vacío.
Qué hermoso libro me has regalado, con bellas portada y contraportada. Con dibujos de cartulina en su interior, con historias inimagibles, con llantos y sonrisas. Con amor.
El mejor libro que jamás he leído. Lo había buscado en estanterías de bibliotecas de leyenda, lo perseguí en las librerías de las calles enmohecidas del Carmen. Lo anhelé en las eternas y húmedas noches del verano.
Ahora lo tengo. Mi primer libro. Ese libro vacío.
jueves, agosto 05, 2004
Como convertirte en otro, como adentrarte en una cueva desconocida, como observar una
mirada profunda por primera vez... Llenas la mochila de bártulos, tomas un par de mapas y
planos e inicias el paso.
Como hablar en otro idioma, como sonreír durante horas, como ver un niño nacer, partes
de tu casa, con espíritu viajero, cargado con exceso, sabiendo que tu espalda se quejará
mil veces, que añorarás tu cama y tu casa, que mirarás el cielo y temerás el vendaval.
Como ese primer beso junto al río, como el primer suspenso, como el día en que te abandonó
aquélla, subes a ese tren con rumbo hacia lo desconocido, repleto de gentes de otras lenguas.
Como Alicia, como un encarcelado ahora en libertad, como dentro de una película, fijándote en todos
los detalles, ensimismándote en un árbol, perdiéndote en el horizonte, manoseas la vida que te rodea.
Como un beato, como un niño, como tú, tiendes la mano al extraño, compartes todo con quien
cruzas en el camino, quieres al viajero que te saluda.
Como un inválido, como un diezmado alpinista en el extásis de su regreso, como un preescolar
en su primer día de clase, te auxilias en los que te ayudan, te entregas a los que te acojen.
Como hormigas construyendo su hormiguero, como invitados en una fiesta de disfraces, como
adoradores frente a su mesías, abrazas al viajero; en el viaje no hay colores, ni razas, religiones
ni diferencias y el viajero viajero es.
Todo ésto siento cuando, hoy, retomo el viaje. Reconfortado, entusiasmado,
lanzo un pie tras otro: feliz. Porque hoy emprendo, de nuevo, el viaje que nunca he dejado,
y hoy me pregunto, otra vez, si siempre podré estar viajando. Me encantaría.
mirada profunda por primera vez... Llenas la mochila de bártulos, tomas un par de mapas y
planos e inicias el paso.
Como hablar en otro idioma, como sonreír durante horas, como ver un niño nacer, partes
de tu casa, con espíritu viajero, cargado con exceso, sabiendo que tu espalda se quejará
mil veces, que añorarás tu cama y tu casa, que mirarás el cielo y temerás el vendaval.
Como ese primer beso junto al río, como el primer suspenso, como el día en que te abandonó
aquélla, subes a ese tren con rumbo hacia lo desconocido, repleto de gentes de otras lenguas.
Como Alicia, como un encarcelado ahora en libertad, como dentro de una película, fijándote en todos
los detalles, ensimismándote en un árbol, perdiéndote en el horizonte, manoseas la vida que te rodea.
Como un beato, como un niño, como tú, tiendes la mano al extraño, compartes todo con quien
cruzas en el camino, quieres al viajero que te saluda.
Como un inválido, como un diezmado alpinista en el extásis de su regreso, como un preescolar
en su primer día de clase, te auxilias en los que te ayudan, te entregas a los que te acojen.
Como hormigas construyendo su hormiguero, como invitados en una fiesta de disfraces, como
adoradores frente a su mesías, abrazas al viajero; en el viaje no hay colores, ni razas, religiones
ni diferencias y el viajero viajero es.
Todo ésto siento cuando, hoy, retomo el viaje. Reconfortado, entusiasmado,
lanzo un pie tras otro: feliz. Porque hoy emprendo, de nuevo, el viaje que nunca he dejado,
y hoy me pregunto, otra vez, si siempre podré estar viajando. Me encantaría.
domingo, agosto 01, 2004
La última guerra
Me duele la última guerra, me duele.
Yazco en un hospital de mutilados. No tengo ni piernas,ni brazos. Pierdo sangre por dos profundas heridas en el costado.
No tengo lengua, me la arrancaron unos desalmados. No tengo corazón, me explotó tras pisar una mina.
No tengo estómago, me envenenó el gas mostaza.
No tengo dientes, me los arrancaron uno a uno para hacer un trofeo.
Me duele la última guerra. Intenté luchar contra ella, lo intenté. Poderes más fuertes la auspiciaron, y esos poderes la materializaron.
Pero no estoy solo, en el hospital de lisiados se nos cuenta por millones. Luchamos ahí en la calle contra el enemigo, con gritos y pancartas, y los tanques nos pasaron por encima, enarbolando nuestra misma bandera. Así que ahora, incluso, me duele mi país, me lo derribaron con un misil tierra-aire.
Ahora, que no tengo nada, que no puedo gritar, que no tengo país, que perdí a mi familia y amigos en la batalla, ahora qué puedo hacer.
Todas las mañanas, desde la cama del salón de lisiados, alcanzo con esfuerzo a ver por la ventana como sale el sol. A veces una cálida lágrima se desliza por mi mejilla.
Quizá todavía exista esperanza. Al menos, no me robaron los ojos.
Me duele la última guerra, me duele.
Yazco en un hospital de mutilados. No tengo ni piernas,ni brazos. Pierdo sangre por dos profundas heridas en el costado.
No tengo lengua, me la arrancaron unos desalmados. No tengo corazón, me explotó tras pisar una mina.
No tengo estómago, me envenenó el gas mostaza.
No tengo dientes, me los arrancaron uno a uno para hacer un trofeo.
Me duele la última guerra. Intenté luchar contra ella, lo intenté. Poderes más fuertes la auspiciaron, y esos poderes la materializaron.
Pero no estoy solo, en el hospital de lisiados se nos cuenta por millones. Luchamos ahí en la calle contra el enemigo, con gritos y pancartas, y los tanques nos pasaron por encima, enarbolando nuestra misma bandera. Así que ahora, incluso, me duele mi país, me lo derribaron con un misil tierra-aire.
Ahora, que no tengo nada, que no puedo gritar, que no tengo país, que perdí a mi familia y amigos en la batalla, ahora qué puedo hacer.
Todas las mañanas, desde la cama del salón de lisiados, alcanzo con esfuerzo a ver por la ventana como sale el sol. A veces una cálida lágrima se desliza por mi mejilla.
Quizá todavía exista esperanza. Al menos, no me robaron los ojos.