lunes, mayo 23, 2005
La maleta 2
La enorme maleta vacía se encontraba sobre la cama, ansiosa por devorar sus últimos
años de vida. Vació los armarios, los cajones y las estanterías y fue colmándola pausadamente.
Primero introdujo aquellas viejas zapatillas, las múltiples excursiones al campo que había
hecho con ellas; los tranquilos paseos por los parques; las largas noches de fiesta.
Después fueron un montón de libros, tardes y tardes de lectura en la terraza y en la playa,
dejando que los suaves rayos de sol doraran su cara; miles de nuevas e
interesantes ideas; ebrias tertulias de madrugada en las que la revolución del alcohol
le habían hecho sentir el mundo tan pequeño.
También tomó todas aquellas fotos, todas las personas que habían llenado
sus momentos, todos los instantes alegres durante años. Cenas, banquetes, bodas, viajes: todo.
Decenas de cartas desordenadas, repletas de palabras de amor, de cariño y de pasión, de lágrimas,
de distancias insalvables, su primera pasión que ya dormía.
Y aquellos discos, años de música, de ritmo, de bailes, de ilusión.
Cuando ya no cupo más, la agarró con fuerza y salió a la calle. Sintió que casi no podía
caminar con aquella gran carga, pero se esforzó en llegar a la estación. Mientras esperaba
el tren que le llevaría a un otro lugar el cansancio le hizo reflexionar.
Llegó el tren, y se detuvo lentamente frente a él. La puerta se abrió automáticamente y
la escalerilla mecánica se extendió mostrando con simpleza un nuevo camino.
Desasió la maleta, y como si fueran horas, sus dedos se deslizaron por su asa hasta
terminar todo contacto con ella. Subió al tren. Sería mejor así, sin pesados bultos,
sin ataduras al pasado.
La maleta esperaría en la estación otro viajero que, ligero de equipaje, de pasado, necesitase
unos años de vida, necesitase excursiones al campo, noches de fiesta,
nuevas e interesantes ideas, tertulias en la noche, una primera
pasión, y música para llenar los días. Lo que él buscaba no se encontraba ya en esa vieja maleta,
lo que él necesitaba estaba en aquel tren que se movía ya, en alguna dirección.
La enorme maleta vacía se encontraba sobre la cama, ansiosa por devorar sus últimos
años de vida. Vació los armarios, los cajones y las estanterías y fue colmándola pausadamente.
Primero introdujo aquellas viejas zapatillas, las múltiples excursiones al campo que había
hecho con ellas; los tranquilos paseos por los parques; las largas noches de fiesta.
Después fueron un montón de libros, tardes y tardes de lectura en la terraza y en la playa,
dejando que los suaves rayos de sol doraran su cara; miles de nuevas e
interesantes ideas; ebrias tertulias de madrugada en las que la revolución del alcohol
le habían hecho sentir el mundo tan pequeño.
También tomó todas aquellas fotos, todas las personas que habían llenado
sus momentos, todos los instantes alegres durante años. Cenas, banquetes, bodas, viajes: todo.
Decenas de cartas desordenadas, repletas de palabras de amor, de cariño y de pasión, de lágrimas,
de distancias insalvables, su primera pasión que ya dormía.
Y aquellos discos, años de música, de ritmo, de bailes, de ilusión.
Cuando ya no cupo más, la agarró con fuerza y salió a la calle. Sintió que casi no podía
caminar con aquella gran carga, pero se esforzó en llegar a la estación. Mientras esperaba
el tren que le llevaría a un otro lugar el cansancio le hizo reflexionar.
Llegó el tren, y se detuvo lentamente frente a él. La puerta se abrió automáticamente y
la escalerilla mecánica se extendió mostrando con simpleza un nuevo camino.
Desasió la maleta, y como si fueran horas, sus dedos se deslizaron por su asa hasta
terminar todo contacto con ella. Subió al tren. Sería mejor así, sin pesados bultos,
sin ataduras al pasado.
La maleta esperaría en la estación otro viajero que, ligero de equipaje, de pasado, necesitase
unos años de vida, necesitase excursiones al campo, noches de fiesta,
nuevas e interesantes ideas, tertulias en la noche, una primera
pasión, y música para llenar los días. Lo que él buscaba no se encontraba ya en esa vieja maleta,
lo que él necesitaba estaba en aquel tren que se movía ya, en alguna dirección.
martes, mayo 03, 2005
Nuevos líderes
El mayor problema de la humanidad no es la globalización, ni el hambre,
ni la explotación infantil; es la ignorancia. Y cómo luchar contra ésto. Cómo
hacerlo contra algo innato a nuestra especie.
Porque la gente acepta su vida tal y cómo se la ofrecen; tanto los poderosos, como
los desamparados. Sin preguntarse nada y sin intentar cambiar lo que dan por supuesto.
Ya que debes ver opciones para cuestionarte hábitos y modos, prácticas y culturas. Hasta
que podamos mostrar alternativas prácticas y obvias a la gran masa, la gran masa no optará
por la revolución.
Porque siempr que cuestionas el sistema ellos te toman por loco, debes demostrar que otro
es posible y ésto no es viable con un solo chasquido de dedos. Así que, ¿cómo hacerlo?
Hemos de mostrarles casos cercanos a ellos, que comprendan, que sientan como suyos y que
rechacen para lograrlo.
El punto débil de esta metodología es que la propaganda no está de nuestro lado. Las
grandes multinacionales y los poderes tienen la fuerza mediática. ¿Cómo arrancárselo y volcar
a la gran masa en nuestro favor? Es necesaria una nueva revolución, sobre la que no hemos
construido ni siquiera los cimientos ideológicos, pero cuya necesidad ya emana de nuestra
sociedad.
La gran masa está perdida, esperando uno o unos nuevos líderes, que rechacen totalmente el
nuevo sistema que otros toman como inamovible y que sean capaces de construir uno nuevo
basado en el ser humano y sus derechos.
El primer paso será lograr que la gran masa cuestione el estado del sistema, y su lugar
en él.
Aún estamos a tiempo, antes de que las próximas generaciones queden totalmente empapadas de
la Mc Cultura, tanto que no puedan respirar fuera de ella.
Porque tal vez un día nuestros hijos rían contando que su padre trabajaba en una empresa
de unos diez trabajadores y luchaba por un modo de vida. Nuestros hijos, tal vez, trabajarán
el doble que nosotros, y reirán ante la opción de ser minimamente dueños de sus destinos,
en un mundo de decenas de multinacionales.
Porque si alguien se pregunta si ésto se detendrá alguna vez, la respuesta es NO. Siempre
quedará un lugar en el mundo donde explotar a la gente un poco más que en el anterior. Si
luchamos los unos contra los otros perderemos todos.
Esperemos pues estos líderes, que con o sin afán de poder, derroquen el sistema para instaurar
otro en el que de nuevo cuenten los valores humanos. Estos líderes sólo surgirán cuando se
consoliden las bases políticas de la revolución.
Los actuales estados y políticas ya no sirven para luchar contra lo que se nos viene encima:
la globalización y la explotación. Ahora izquierdas y derechas son lo mismo porque ambos
permiten las prácticas neocapitallistas extremistas. Ninguno de los partidos que conozco
se atraverá a prohibir la implantación de multinacionales en su territorio y exigir una
mayor equitatividad en la distribución de las rentas.
¿Pero todo por qué? Por la IGNORANCIA.
Vengo de un restaurante irlandés vacío; la gente abarrotaba un Burger King cercano.
13/03/05 Dublin. Ireland.
El mayor problema de la humanidad no es la globalización, ni el hambre,
ni la explotación infantil; es la ignorancia. Y cómo luchar contra ésto. Cómo
hacerlo contra algo innato a nuestra especie.
Porque la gente acepta su vida tal y cómo se la ofrecen; tanto los poderosos, como
los desamparados. Sin preguntarse nada y sin intentar cambiar lo que dan por supuesto.
Ya que debes ver opciones para cuestionarte hábitos y modos, prácticas y culturas. Hasta
que podamos mostrar alternativas prácticas y obvias a la gran masa, la gran masa no optará
por la revolución.
Porque siempr que cuestionas el sistema ellos te toman por loco, debes demostrar que otro
es posible y ésto no es viable con un solo chasquido de dedos. Así que, ¿cómo hacerlo?
Hemos de mostrarles casos cercanos a ellos, que comprendan, que sientan como suyos y que
rechacen para lograrlo.
El punto débil de esta metodología es que la propaganda no está de nuestro lado. Las
grandes multinacionales y los poderes tienen la fuerza mediática. ¿Cómo arrancárselo y volcar
a la gran masa en nuestro favor? Es necesaria una nueva revolución, sobre la que no hemos
construido ni siquiera los cimientos ideológicos, pero cuya necesidad ya emana de nuestra
sociedad.
La gran masa está perdida, esperando uno o unos nuevos líderes, que rechacen totalmente el
nuevo sistema que otros toman como inamovible y que sean capaces de construir uno nuevo
basado en el ser humano y sus derechos.
El primer paso será lograr que la gran masa cuestione el estado del sistema, y su lugar
en él.
Aún estamos a tiempo, antes de que las próximas generaciones queden totalmente empapadas de
la Mc Cultura, tanto que no puedan respirar fuera de ella.
Porque tal vez un día nuestros hijos rían contando que su padre trabajaba en una empresa
de unos diez trabajadores y luchaba por un modo de vida. Nuestros hijos, tal vez, trabajarán
el doble que nosotros, y reirán ante la opción de ser minimamente dueños de sus destinos,
en un mundo de decenas de multinacionales.
Porque si alguien se pregunta si ésto se detendrá alguna vez, la respuesta es NO. Siempre
quedará un lugar en el mundo donde explotar a la gente un poco más que en el anterior. Si
luchamos los unos contra los otros perderemos todos.
Esperemos pues estos líderes, que con o sin afán de poder, derroquen el sistema para instaurar
otro en el que de nuevo cuenten los valores humanos. Estos líderes sólo surgirán cuando se
consoliden las bases políticas de la revolución.
Los actuales estados y políticas ya no sirven para luchar contra lo que se nos viene encima:
la globalización y la explotación. Ahora izquierdas y derechas son lo mismo porque ambos
permiten las prácticas neocapitallistas extremistas. Ninguno de los partidos que conozco
se atraverá a prohibir la implantación de multinacionales en su territorio y exigir una
mayor equitatividad en la distribución de las rentas.
¿Pero todo por qué? Por la IGNORANCIA.
Vengo de un restaurante irlandés vacío; la gente abarrotaba un Burger King cercano.
13/03/05 Dublin. Ireland.