viernes, octubre 07, 2005
SUEÑOS...
Paseé con él toda la noche, junto con otros amigos, charlando sobre cosas sin importancia y él me entendía mejor que ninguno.
Debo decir que sentía una extraña sensación. Se trataba de una cara desconocida y sin embargo todos lo aceptaron como uno de nosotros.
Al despedirnos, me dirigí a él y le pregunté si nos volveríamos a ver. Los demás me miraron sorprendidos, como si hablara con un fantasma. Él me miró a los ojos y me susurró: yo no existo David, estoy sólo en tu imaginación. Después desapareció.
El corazón se me aceleró bruscamente ante la obviedad que sólo en ese momento empecé a comprender. Mi realidad interna se había desdoblado durante aquella noche y había sido testigo en el mundo real de uno de mis yos inmateriales. Él había sido capaz de escapar de los muros de mi mente y se había presentado como uno más.
Me asunté; mi corazón empezó a palpitar rápidamente; se me encogió el estómago y tuve que abrir la boca para no ahogarme. Entonces desperté. Estaba en mi cama, plácidamente tumbado y todo no había sido más que un sueño.
Después ya no pude dormir y me pasé la noche dando vueltas a la cama y dando vueltas al sueño. Me pareció un mensaje, y por una vez en mi vida me concebí durante esas horas previas al alba como múltiples personas luchando por salir. La verdad es que entendiéndome así la vida resultaba mucho más sencilla de encajar.
Sonó el despertador. Sonreí. Eché una mirada a ese armario de personalidades. Perfectamente ordenadas, colgadas en sus perchas esperaban todas ellas. Elegí la que mejor conjuntaba conmigo en ese martes soleado. Me la probé y me sentí cómodo con ella. La chaqueta expresaba seguridad, los pantalones sobriedad. Con todo ello sobre mi ser desnudo, salí a la calle.
Paseé con él toda la noche, junto con otros amigos, charlando sobre cosas sin importancia y él me entendía mejor que ninguno.
Debo decir que sentía una extraña sensación. Se trataba de una cara desconocida y sin embargo todos lo aceptaron como uno de nosotros.
Al despedirnos, me dirigí a él y le pregunté si nos volveríamos a ver. Los demás me miraron sorprendidos, como si hablara con un fantasma. Él me miró a los ojos y me susurró: yo no existo David, estoy sólo en tu imaginación. Después desapareció.
El corazón se me aceleró bruscamente ante la obviedad que sólo en ese momento empecé a comprender. Mi realidad interna se había desdoblado durante aquella noche y había sido testigo en el mundo real de uno de mis yos inmateriales. Él había sido capaz de escapar de los muros de mi mente y se había presentado como uno más.
Me asunté; mi corazón empezó a palpitar rápidamente; se me encogió el estómago y tuve que abrir la boca para no ahogarme. Entonces desperté. Estaba en mi cama, plácidamente tumbado y todo no había sido más que un sueño.
Después ya no pude dormir y me pasé la noche dando vueltas a la cama y dando vueltas al sueño. Me pareció un mensaje, y por una vez en mi vida me concebí durante esas horas previas al alba como múltiples personas luchando por salir. La verdad es que entendiéndome así la vida resultaba mucho más sencilla de encajar.
Sonó el despertador. Sonreí. Eché una mirada a ese armario de personalidades. Perfectamente ordenadas, colgadas en sus perchas esperaban todas ellas. Elegí la que mejor conjuntaba conmigo en ese martes soleado. Me la probé y me sentí cómodo con ella. La chaqueta expresaba seguridad, los pantalones sobriedad. Con todo ello sobre mi ser desnudo, salí a la calle.
jueves, octubre 06, 2005
El cuaderno escribe
El cuaderno me dicta estos días y escribo todo lo que me dice. En realidad las palabras
ya están allí, como los días por pasar, esperando ocurrir, pero inamovibles. Sin saber
lo que hacía, he arrancado unas hojas y creo que lo he matado. Ya no me dicta palabras sino
galimatías. No obstante los escribo igualmente. El equilibrio de una vida puede romperse
al arrancar uno solo de sus días.
El cuaderno me dicta estos días y escribo todo lo que me dice. En realidad las palabras
ya están allí, como los días por pasar, esperando ocurrir, pero inamovibles. Sin saber
lo que hacía, he arrancado unas hojas y creo que lo he matado. Ya no me dicta palabras sino
galimatías. No obstante los escribo igualmente. El equilibrio de una vida puede romperse
al arrancar uno solo de sus días.
martes, octubre 04, 2005
El camino confundido
No debí ver bien las señales que me llevaban hasta mi destino. Debí confundir
las palabras de los hombres con los que me topé.
He confundido el camino, y ya no sé cómo volver. Por esta oscuridad peligrosa
camino ahora solo.
Sin embargo, aún logro esbozar una sonrisa cuando otra vez debo elegir una dirección. Ahora sí, lo sé, me confundiré en mi decisión, pero sólo existe el camino que voy a recorrer, y los otros desechados no serán nunca más.
Tal vez, al final del todo aparezca el pantano de la ebriedad, y podamos de
nuevo reír mientras cocinamos en los fuegos del amor.
----
Es curioso, pero tomando al azar nuevos senderos he llegado al mismo destino... ¿será éste de verdad mi lugar? Pensaba que alguien me lo diría.
----
Vuelvo a hacerme la misma pregunta: ¿Sería capaz de escapar? No lo entiendo,
porque tengo esa sensación, y sin embargo me temo que no lo soy.
Creo que todo hombre, insensatamente, tiene la errónea sensación de ser completamente distinto de los demás. Probablemente sea sólo ésto lo que nos hace continuar, y sentirnos vivos.
----
El viento sopla con fuerza y arranca las horas de los árboles. Con el mismo ímpetu revuelve las hojas de este cuaderno. Veo mis palabras volar, a otro lugar, movidas por el viento, y soy feliz. Espero que donde caigan hagan crecer pequeños árboles de mí. Concepción de una nueva vida de pensamientos.
No debí ver bien las señales que me llevaban hasta mi destino. Debí confundir
las palabras de los hombres con los que me topé.
He confundido el camino, y ya no sé cómo volver. Por esta oscuridad peligrosa
camino ahora solo.
Sin embargo, aún logro esbozar una sonrisa cuando otra vez debo elegir una dirección. Ahora sí, lo sé, me confundiré en mi decisión, pero sólo existe el camino que voy a recorrer, y los otros desechados no serán nunca más.
Tal vez, al final del todo aparezca el pantano de la ebriedad, y podamos de
nuevo reír mientras cocinamos en los fuegos del amor.
----
Es curioso, pero tomando al azar nuevos senderos he llegado al mismo destino... ¿será éste de verdad mi lugar? Pensaba que alguien me lo diría.
----
Vuelvo a hacerme la misma pregunta: ¿Sería capaz de escapar? No lo entiendo,
porque tengo esa sensación, y sin embargo me temo que no lo soy.
Creo que todo hombre, insensatamente, tiene la errónea sensación de ser completamente distinto de los demás. Probablemente sea sólo ésto lo que nos hace continuar, y sentirnos vivos.
----
El viento sopla con fuerza y arranca las horas de los árboles. Con el mismo ímpetu revuelve las hojas de este cuaderno. Veo mis palabras volar, a otro lugar, movidas por el viento, y soy feliz. Espero que donde caigan hagan crecer pequeños árboles de mí. Concepción de una nueva vida de pensamientos.