miércoles, abril 26, 2006
Hacia adelante
Tras varios años aquí sentado ni me conozco. Largos años de desidia y paciencia, de espera de lo inesperado. Ahora debo tomar una decisión y marcharme y se me empiezan a poner los pelos de punta.
El hombre es animal de costumbres, e inevitable es también aferrarse a lo conocido y temer lo que no lo es. Sea como fuere creo que no me queda otro camino que seguir. Las líneas del destino se van dibujando sin ni siquiera quererlo y los senderos se van abriendo a la vista, para continuar entre montañas de pendientes resbaladizas.
Tras varios años aquí sentado ni me conozco. Largos años de desidia y paciencia, de espera de lo inesperado. Ahora debo tomar una decisión y marcharme y se me empiezan a poner los pelos de punta.
El hombre es animal de costumbres, e inevitable es también aferrarse a lo conocido y temer lo que no lo es. Sea como fuere creo que no me queda otro camino que seguir. Las líneas del destino se van dibujando sin ni siquiera quererlo y los senderos se van abriendo a la vista, para continuar entre montañas de pendientes resbaladizas.
lunes, abril 10, 2006
Amebaland
Llevo ya casi cuatro años viviendo en esta casa y me he acostumbrado a ellas. He de reconocer que al principio las tomé por personas: hablaban, reían a veces, comían, en fin, daban el pego.
Comencé ya a sospechar cuando ví que nunca salían de casa. Siempre tenía vanas escusas: "estoy cansada", "hoy voy a ver una película", "he quedado en la red, a las siete". También observé que no mantenían relación con nadie de "fuera".
Esto tal vez fue lo que más me llamó la atención. Después de varios meses había observado cómo nadie las visitaba, nadie las llamaba excepto elementos de su misma especie.
También sus comentarios eran siempre los mismos. Son atemporales, sus puntos de vista, sus opiniones, sus expresiones no ondulan, como las de el resto de las personas. También ví que en realidad no sentían, o no cómo lo hacen los humanos.
Las personas tienen inquietudes, pasiones, frustraciones. Sin embargo, ellas, siempre tienen el mismo humor, taciturno, apagado, en realidad inerte. También su especie de inadvertencia del entorno es peculiar. Lo mismo da que haya veinte personas en casa, que haga frío o calor, o que un elefante baile la sardana en el salón. Ellos siempre actúan igual, impasibles, ajenos al exterior.
Su dependencia de la "máquina" también es obsesiva. He notado que su vida depende de ello. Cuando sus "máquinas" y la red a las que éstas se conectan tiene algún problema empiezan a agitarse nerviosamente. Se mueven de un lado para otro, perdidas, mirando al vacío, en un estado de semi-locura.
Un viejo amigo mío llamaba a esta clase de seres "amebas". Científicamente creo que las amebas son una especie de organismo unicelular, pero el término al menos sonoramente se ajusta perfectamente a estos seres.
La verdad es que tampoco molestan, siempre que no te interpongas entre ellas y su "máquina", claro. He visto cómo cualquier gesto que yo pueda hacer en que ponga en peligro su "máquina" las agita sobremanera.
Sus gustos por la comida son también típicamente característicos. Podrás reconocer una ameba por sus hábitos culinarios y por su dejadez por la comida. Prefieren siempre comer comida rápida: pizzas, hamburguesas, y normalmente con un alto grado de carne y colesterol. Conocen todos los teléfonos de comida a domicilio, y todas las promociones. Verlas llamando a uno de esto lugares es todo un espectáculo: conocen los platos y las ofertas mucho mejor que la mayoría de los trabajadores de estas cadenas.
Su percepción por el entorno es especialmente insensible con la suciedad. He realizado varios tests durante estos cuatro años. Por ejemplo si acumulas platos y platos en la fregadera ellas no lo advierten en absoluto. Tampoco, la suciedad en el horno o en el microondas. He visto cómo ponen sus pizzas en un horno repleto de mugre, sin importarles lo más mínimo.
Sin embargo su enfermedad no es contagiosa. ¿O tal vez sí? Lo cierto es que yo he atravesado varias fases aquí en Amebaland. También he de decir que por Amebaland han pasado personas, no sólo amebas, lo cual ha hecho de mi estancia un poco más agradable. Durante un tiempo luché contra ellas. Intenté establecer un orden en las cosas, una limpieza, en fin, un entorno más humano.
A los dos años intenté escapar. Por diversos motivos finalmente no pude. Además la pérdida de una de las amebas de más poder me hizo pensar que aún existía un atisbo de esperanza. Me confundí. Más tarde, ajeno a ellas, establecí un entorno humanamente habitable aquí en Amebaland. Empecé a vivir como una persona y a ignorarlas completamente. Yo hacía mi vida y trataba de no molestarlas. También limpiaba, sin importarme que ellas no participaran en esta tarea.
Ahora que mi partida está muy cercana, he dejado de nuevo de limpiar, pero ellas ni siquiera lo han advertido. Dentro de uno o dos meses dejaré Amebaland y supongo que ellas seguirán aquí durante muchos años más. Me las imagino dentro de un tiempo, con sus pelos canos todavía conectadas a sus máquinas, cuando ya ninguna persona entre en Amebaland.
Pero en el fondo les he cogido cariño. No son malas amebas. Son seres parásitos, viven de las personas pero no las dañan, si bien tampoco les ayudan. Son esistencias vacuas, que vagan sin sentido por Amebaland. Me pregunto si alguna vez fueron personas, tal vez. Y si es así, qué o quién las hizo convertise en ameba. Supongo que fue un proceso degenerativo y lento, y que todos somos susceptibles de convertirnos en algo parecido. Por esta razón, quizán también un poco, me debo marchar, ahora que estoy aún a tiempo.
Adiós, amebas, adiós.
Llevo ya casi cuatro años viviendo en esta casa y me he acostumbrado a ellas. He de reconocer que al principio las tomé por personas: hablaban, reían a veces, comían, en fin, daban el pego.
Comencé ya a sospechar cuando ví que nunca salían de casa. Siempre tenía vanas escusas: "estoy cansada", "hoy voy a ver una película", "he quedado en la red, a las siete". También observé que no mantenían relación con nadie de "fuera".
Esto tal vez fue lo que más me llamó la atención. Después de varios meses había observado cómo nadie las visitaba, nadie las llamaba excepto elementos de su misma especie.
También sus comentarios eran siempre los mismos. Son atemporales, sus puntos de vista, sus opiniones, sus expresiones no ondulan, como las de el resto de las personas. También ví que en realidad no sentían, o no cómo lo hacen los humanos.
Las personas tienen inquietudes, pasiones, frustraciones. Sin embargo, ellas, siempre tienen el mismo humor, taciturno, apagado, en realidad inerte. También su especie de inadvertencia del entorno es peculiar. Lo mismo da que haya veinte personas en casa, que haga frío o calor, o que un elefante baile la sardana en el salón. Ellos siempre actúan igual, impasibles, ajenos al exterior.
Su dependencia de la "máquina" también es obsesiva. He notado que su vida depende de ello. Cuando sus "máquinas" y la red a las que éstas se conectan tiene algún problema empiezan a agitarse nerviosamente. Se mueven de un lado para otro, perdidas, mirando al vacío, en un estado de semi-locura.
Un viejo amigo mío llamaba a esta clase de seres "amebas". Científicamente creo que las amebas son una especie de organismo unicelular, pero el término al menos sonoramente se ajusta perfectamente a estos seres.
La verdad es que tampoco molestan, siempre que no te interpongas entre ellas y su "máquina", claro. He visto cómo cualquier gesto que yo pueda hacer en que ponga en peligro su "máquina" las agita sobremanera.
Sus gustos por la comida son también típicamente característicos. Podrás reconocer una ameba por sus hábitos culinarios y por su dejadez por la comida. Prefieren siempre comer comida rápida: pizzas, hamburguesas, y normalmente con un alto grado de carne y colesterol. Conocen todos los teléfonos de comida a domicilio, y todas las promociones. Verlas llamando a uno de esto lugares es todo un espectáculo: conocen los platos y las ofertas mucho mejor que la mayoría de los trabajadores de estas cadenas.
Su percepción por el entorno es especialmente insensible con la suciedad. He realizado varios tests durante estos cuatro años. Por ejemplo si acumulas platos y platos en la fregadera ellas no lo advierten en absoluto. Tampoco, la suciedad en el horno o en el microondas. He visto cómo ponen sus pizzas en un horno repleto de mugre, sin importarles lo más mínimo.
Sin embargo su enfermedad no es contagiosa. ¿O tal vez sí? Lo cierto es que yo he atravesado varias fases aquí en Amebaland. También he de decir que por Amebaland han pasado personas, no sólo amebas, lo cual ha hecho de mi estancia un poco más agradable. Durante un tiempo luché contra ellas. Intenté establecer un orden en las cosas, una limpieza, en fin, un entorno más humano.
A los dos años intenté escapar. Por diversos motivos finalmente no pude. Además la pérdida de una de las amebas de más poder me hizo pensar que aún existía un atisbo de esperanza. Me confundí. Más tarde, ajeno a ellas, establecí un entorno humanamente habitable aquí en Amebaland. Empecé a vivir como una persona y a ignorarlas completamente. Yo hacía mi vida y trataba de no molestarlas. También limpiaba, sin importarme que ellas no participaran en esta tarea.
Ahora que mi partida está muy cercana, he dejado de nuevo de limpiar, pero ellas ni siquiera lo han advertido. Dentro de uno o dos meses dejaré Amebaland y supongo que ellas seguirán aquí durante muchos años más. Me las imagino dentro de un tiempo, con sus pelos canos todavía conectadas a sus máquinas, cuando ya ninguna persona entre en Amebaland.
Pero en el fondo les he cogido cariño. No son malas amebas. Son seres parásitos, viven de las personas pero no las dañan, si bien tampoco les ayudan. Son esistencias vacuas, que vagan sin sentido por Amebaland. Me pregunto si alguna vez fueron personas, tal vez. Y si es así, qué o quién las hizo convertise en ameba. Supongo que fue un proceso degenerativo y lento, y que todos somos susceptibles de convertirnos en algo parecido. Por esta razón, quizán también un poco, me debo marchar, ahora que estoy aún a tiempo.
Adiós, amebas, adiós.