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martes, agosto 08, 2006

Teoría de la Sentimentalidad

El tiempo y el espacio dejan de ser invariantes al cambiar de sistema de referencia, pasando a ser dependiente de los sentimientos relativos de los sistemas de referencia de los observadores: Dos eventos que ocurren simultáneamente en diferentes lugares para un sistema de referencia, pueden ocurrir en tiempos diferentes en otro sistema de referencia (la simultaneidad es relativa). De igual manera, si ocurren en un mismo lugar en un sistema, pueden ocurrir en lugares diferentes en otro.

Es decir, los sentimientos de los observadores modifican la realidad espacio-tiempo. Para un observador que permanece en el mismo lugar durante un tiempo T pueden haber transcurrido años, mientras que para otro que se mueve a otro lugar, pero cuyo sentimiento general permanece intacto, el tiempo transcurrido podrá ser de días para el punto de partida.

Bajo este prisma intelectual, el tiempo ya no es definido y siempre el mismo para todos los individuos. Al igual que con la teoría de la relatividad -según la cual la velocidad relativa de los elementos determina el tiempo y espacio físicamente- para la mente humana, la percepción de la realidad depende del sentimiento experimentado en un lugar determinado, durante un espacio de tiempo.

Bien es cierto, que el sentimiento también experimenta una variación en diferenes lugares, pero no tan brusca como durante la permanecia en un punto del espacio P.

Un observador, que haya viajado a un lugar diferente de la tierra, durante un tiempo T2, al retornar al punto de partida, tendrá siempre una percepción del transcurso del tiempo menor que aquél que permanece en el punto de partida.

Evidentemente, se trata de relaciones matemáticas humanas, que no experimentan el resto de objetos o elementos de la realidad, no siendo esto óbice para que estas ecuaciones describan con mayor fidelidad la percepción.

Es complejo, por lo tanto, para el individuo que se traslada, mantener una relación social satisfactoria con aquéllos que permanecen estáticos, pues el tiempo transcurrido no es el mismo en los dos sistemas de referencia. El humano estático desarrollará una relación con su lugar a partir del momento de partida del humano móvil, que deparará nuevas experiencias y que lo alejarán inexorablemente de la relación establecida con el humano móvil en el momento de su partida.

Aquellos humanos móviles necesariamente deberán ser conscientes de estas variabilidades para poder mantener relaciones con los estáticos de manera satisfactoria. Deberán mantener una doble memoria: una parte les deberá permitir recordar su lugar de partida y sus relaciones sociales en aquel momento de su marcha, mientras que la otra les deberá recordar el tiempo efectivo transcurrido y deberán ser capaces de trazar las variables que durante este período podrían haber acontecido.

El vagabundo estará indefectiblemente sujeto entre dos mundos, dos sistemas de referencia. El suyo propio, el que viaja con él, y el que permanece estático en los lugares que visita. Saber conciliar estos mundos establecerá la parábola de felicidad que recorrerá en su viaje, la asíntota espiral que vaga entre la permanencia indefinida, la movilidad, la experimientación vital y el tiempo feliz.

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