jueves, febrero 09, 2006
Sabores del pasado; hogar en la boca; besos de madre; tiernas rosquillas; peleas entre hermanos; carreras en los pasillos; risas de niños.
Sabores de infancia rescatados a través de una receta antes perdida y ahora en mis manos.
Rosquillas fritas
Ingredientes:
Seis cucharadas grandes de aceite de oliva
Seis cucharadas grandes de azúcar
Dos cucharadas pequeñas de levadura
Cincuenta gramos de azúcar molido
Dos huevos
Una cucharada de agua
Rayadura de limón
Aceite de freir
Harina
Método:
Batir huevos y azúcar, rayadura de limón, levadura y agua. Poco a poco vamos añadiendo el aceite, mejor de oliva, hasta mezclar bien.
Ahora poco a poco añadimos la harina hasta que la masa esté muy blanda y se pueda coger en las manos. Espolvoreamos algo de harina también en las manos y hacemos la forma de las rosquillas, palitos, palmeras o cualquiera que deseemos.
Efectuamos un corte alrededor, para evitar que exploten cuando se introduzcan en el aceite.
Ahora ponemos abundante aceite en un sartén o cazo suficientemente hondo y cuando esté bastante caliente dejamos caer las rosquillas.
Esperamos un poco a que se doren suficientemente. Las ponemos en un plato y espolvoreamos el azúcar molido sobre ellas.
Están deliciosas.
De pequeños mi hermano y yo jugábamos con la masa creando formas sobre todo en nuestra imaginación. La realidad era quizá menos evidente, pues la masa jugaba también ella sola dibujando siluetas distintas que las que nosotros veíamos. Era igual, se trataba del momento de mayor felicidad.
Ayer volví a hacer estas rosquillas. En un lugar distinto. Con alguien distinto. Con el mismo amor. Todo fue casi idéntico: el sabor, el tacto, el olor y la satisfacción. Todo, menos una cosa. Ya no jugué con la pasta, aunque alguien dentro de mí, pero ya muy escondido, gritaba por jugar.
Sabores de infancia rescatados a través de una receta antes perdida y ahora en mis manos.
Rosquillas fritas
Ingredientes:
Seis cucharadas grandes de aceite de oliva
Seis cucharadas grandes de azúcar
Dos cucharadas pequeñas de levadura
Cincuenta gramos de azúcar molido
Dos huevos
Una cucharada de agua
Rayadura de limón
Aceite de freir
Harina
Método:
Batir huevos y azúcar, rayadura de limón, levadura y agua. Poco a poco vamos añadiendo el aceite, mejor de oliva, hasta mezclar bien.
Ahora poco a poco añadimos la harina hasta que la masa esté muy blanda y se pueda coger en las manos. Espolvoreamos algo de harina también en las manos y hacemos la forma de las rosquillas, palitos, palmeras o cualquiera que deseemos.
Efectuamos un corte alrededor, para evitar que exploten cuando se introduzcan en el aceite.
Ahora ponemos abundante aceite en un sartén o cazo suficientemente hondo y cuando esté bastante caliente dejamos caer las rosquillas.
Esperamos un poco a que se doren suficientemente. Las ponemos en un plato y espolvoreamos el azúcar molido sobre ellas.
Están deliciosas.
De pequeños mi hermano y yo jugábamos con la masa creando formas sobre todo en nuestra imaginación. La realidad era quizá menos evidente, pues la masa jugaba también ella sola dibujando siluetas distintas que las que nosotros veíamos. Era igual, se trataba del momento de mayor felicidad.
Ayer volví a hacer estas rosquillas. En un lugar distinto. Con alguien distinto. Con el mismo amor. Todo fue casi idéntico: el sabor, el tacto, el olor y la satisfacción. Todo, menos una cosa. Ya no jugué con la pasta, aunque alguien dentro de mí, pero ya muy escondido, gritaba por jugar.