martes, julio 11, 2006
Si no
Si no dijera adiós, no habría buenos días.
Si no dejara mi pueblo, no encontraría mi casa.
Si no bebiera otra copa de vino, me emborracharía de locura.
Si no nadara otros mares, me ahogaría en la cordura.
Si no me quitara la camisa, mi piel se quemaría sin sol.
Si no fracasase, aborrecería la fortuna, me aburriría sin desamor.
Si no nadase a contracorriente, a mi océano no arribaría.
Si no dijera la verdad, la verdad me sería mentira.
Si no gritase, me quedaría sin voz.
Si no amase, tampoco podría odiar.
Si no viajara, otros mundos inventaría,
mi casa no añoraría, a mis amigos perdería,
y lo especial de cada día oculto se tornaría
bajo un velo oscuro de monotonía.
Si no sufriese, no reiría.
Si no pensase, mil ecuaciones resolvería,
y el fútbol en la tele seguiría,
y tal vez en hombre de provecho me convertiría,
para deleite de padres y familia.
Si no escupiese lo que me sobra, educación me faltaría.
Si no escupiera nada, la corbata me estrangularía.
Si no marchase, solo, no llegaría a otros sitios.
Si no mirase siempre al cielo, tropezaría con las piedras de los caminos.
Si no fumara un cigarro más, el cáncer de lo inane me devoraría
y mil ideas volarían hacia otras tertulias de cannabis y maría.
Si no llorase, un niño presuntuoso sería.
Si no te engañase, a nuestra cama sedienta de pasión traicionaría.
Si no caminara descalzo, llenaría de yagas mis dedos,
heridos por los cantos, del trágico autoconsuelo.
Si no fuera un imbécil que cree en utopías,
que ondea la bandera de las ideologías,
que balbucea borracho políticas e imposibles letanías,
que manifiesta su derecho a la autonomía,
que nacionaliza sus cinco chucherías, ¿quién entonces sería?
Si no escribiese como me da la gana, no escribiría.
Si no persiguiese lo imposible, lo posible no lograría.
Si no dijera adiós, no habría buenos días.
Si no dejara mi pueblo, no encontraría mi casa.
Si no bebiera otra copa de vino, me emborracharía de locura.
Si no nadara otros mares, me ahogaría en la cordura.
Si no me quitara la camisa, mi piel se quemaría sin sol.
Si no fracasase, aborrecería la fortuna, me aburriría sin desamor.
Si no nadase a contracorriente, a mi océano no arribaría.
Si no dijera la verdad, la verdad me sería mentira.
Si no gritase, me quedaría sin voz.
Si no amase, tampoco podría odiar.
Si no viajara, otros mundos inventaría,
mi casa no añoraría, a mis amigos perdería,
y lo especial de cada día oculto se tornaría
bajo un velo oscuro de monotonía.
Si no sufriese, no reiría.
Si no pensase, mil ecuaciones resolvería,
y el fútbol en la tele seguiría,
y tal vez en hombre de provecho me convertiría,
para deleite de padres y familia.
Si no escupiese lo que me sobra, educación me faltaría.
Si no escupiera nada, la corbata me estrangularía.
Si no marchase, solo, no llegaría a otros sitios.
Si no mirase siempre al cielo, tropezaría con las piedras de los caminos.
Si no fumara un cigarro más, el cáncer de lo inane me devoraría
y mil ideas volarían hacia otras tertulias de cannabis y maría.
Si no llorase, un niño presuntuoso sería.
Si no te engañase, a nuestra cama sedienta de pasión traicionaría.
Si no caminara descalzo, llenaría de yagas mis dedos,
heridos por los cantos, del trágico autoconsuelo.
Si no fuera un imbécil que cree en utopías,
que ondea la bandera de las ideologías,
que balbucea borracho políticas e imposibles letanías,
que manifiesta su derecho a la autonomía,
que nacionaliza sus cinco chucherías, ¿quién entonces sería?
Si no escribiese como me da la gana, no escribiría.
Si no persiguiese lo imposible, lo posible no lograría.