domingo, diciembre 16, 2007
Infinita tristeza
Y en la otra esquina del salón la abuela posa sus ojos vacíos sobre la ventana. Sin mirar fuera, ni dentro, sin mirar nada. Parece no existir ya nada en este mundo que evoque su interés. Su pasión descansa ya en féretro de cristal.
Responde con monosílabos a nuestras preguntas y es como si no quiere recordar ya el presente. Sin lágrimas, pero llorando por dentro, deja pasar el tiempo esperando que llegue el final, sin desear ya nada más.
El principio y el final a sólo un metro de distancia. La recién nacida se estira, patalea, llora, grita, mira, toca, siente, escucha... devora cada segundo de vida. La abuela no mueve ni siquiera la cabeza, simplemente espera la muerte, sin ni siquiera sentir miedo.
Es un espectáculo devastador. Miro entonces a todos los que ocupamos la mesa, desde el bebé hasta la bisabuela, pasando por los nuevos padres, el chico soltero, los abuelos. No existe tanta magia en las estrellas. Se puede sentir la vida, la muerte, el amor, la pasión, el futuro, el pasado, absolutamente todo con solo un movimiento de cabeza, con solo posar la mirada en cada uno de los comensales. Se me acelera el corazón, y mientras, las noticias suenan en el televisor... el mundo gira deprisa entorno a nosotros: muertes, guerras, la tierra que se seca, el huracán en Guatemala....
No existe momento tan emocionante en la vida como una comida familiar de domingo.
Y en la otra esquina del salón la abuela posa sus ojos vacíos sobre la ventana. Sin mirar fuera, ni dentro, sin mirar nada. Parece no existir ya nada en este mundo que evoque su interés. Su pasión descansa ya en féretro de cristal.
Responde con monosílabos a nuestras preguntas y es como si no quiere recordar ya el presente. Sin lágrimas, pero llorando por dentro, deja pasar el tiempo esperando que llegue el final, sin desear ya nada más.
El principio y el final a sólo un metro de distancia. La recién nacida se estira, patalea, llora, grita, mira, toca, siente, escucha... devora cada segundo de vida. La abuela no mueve ni siquiera la cabeza, simplemente espera la muerte, sin ni siquiera sentir miedo.
Es un espectáculo devastador. Miro entonces a todos los que ocupamos la mesa, desde el bebé hasta la bisabuela, pasando por los nuevos padres, el chico soltero, los abuelos. No existe tanta magia en las estrellas. Se puede sentir la vida, la muerte, el amor, la pasión, el futuro, el pasado, absolutamente todo con solo un movimiento de cabeza, con solo posar la mirada en cada uno de los comensales. Se me acelera el corazón, y mientras, las noticias suenan en el televisor... el mundo gira deprisa entorno a nosotros: muertes, guerras, la tierra que se seca, el huracán en Guatemala....
No existe momento tan emocionante en la vida como una comida familiar de domingo.
Etiquetas: tristeza