domingo, marzo 16, 2008
Sólo ella
Qué mas me pueden quitar.
Si ya no tengo tus brazos entre los míos,
si ya no toco tu piel dormida entre las nubes,
si desayuno soledad y frío por las mañanas.
Qué me queda.
Si un solo plato adorna mis comidas,
si la botella tiene un solo vaso como amigo,
si no hay palabras que corrijan mis errores.
Qué más puedo perder.
Si ya no sostengo ninguna mano en mis paseos,
si mis gracias las escucha el espejo,
si no recuerdo un baile agarrado.
Qué me queda entonces.
Sólo ella,
que mece las horas de casa,
que pinta de colores el aire quieto,
que me llora y me ríe y me sonroja.
Ella que me cuenta historias ajenas
en las que no me encuentro.
Ella que me sigue, me guía y me acompaña.
Me queda ella que crea nostalgia y melancolía,
que me recuerda los mejores y los peores días.
Que me ama, que la amo.
Me queda quizá sólo ella.
Y por Dios, no me dejes, no te vayas,
no abandones tus sones y acordes. Tus voces.
Por qué no sé qué haría sin ti.
Espero, música, tenerte siempre junto a mí.
Qué mas me pueden quitar.
Si ya no tengo tus brazos entre los míos,
si ya no toco tu piel dormida entre las nubes,
si desayuno soledad y frío por las mañanas.
Qué me queda.
Si un solo plato adorna mis comidas,
si la botella tiene un solo vaso como amigo,
si no hay palabras que corrijan mis errores.
Qué más puedo perder.
Si ya no sostengo ninguna mano en mis paseos,
si mis gracias las escucha el espejo,
si no recuerdo un baile agarrado.
Qué me queda entonces.
Sólo ella,
que mece las horas de casa,
que pinta de colores el aire quieto,
que me llora y me ríe y me sonroja.
Ella que me cuenta historias ajenas
en las que no me encuentro.
Ella que me sigue, me guía y me acompaña.
Me queda ella que crea nostalgia y melancolía,
que me recuerda los mejores y los peores días.
Que me ama, que la amo.
Me queda quizá sólo ella.
Y por Dios, no me dejes, no te vayas,
no abandones tus sones y acordes. Tus voces.
Por qué no sé qué haría sin ti.
Espero, música, tenerte siempre junto a mí.